El mundo avanza a merced de las agujas del reloj y nosotros seguimos el ritmo marcado por su batuta.
Caminamos lentamente detrás de un destino incierto con la terrible carga que conlleva saber que habrá un final, y por desgracía la mayoría de nosotros llegamos demasiado pronto. No tenemos tiempo de detenernos y observar lo que rodea el camino, no tenemos constancía de que a cada paso
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